LA APERTURA*
Las condiciones de trabajo en las instituciones están
dadas por dispositivos que les son inherentes. En éste
sentido son elocuentes en lo que atañe tanto a su metodología
de trabajo como a su conceptualización de la dirección
de la cura; constituyendo la expresión de los discursos
que la atraviesan.
Hay en esto algo vestigial. Si una institución fue creada,
por ejemplo con una concepción educativa de la dirección
de la cura, sus dispositivos estarán orientados a la confesión
de conductas, la asunción de faltas y la consecuente adopción
de medidas.
En el ámbito de la internación, éstas variables
están atravesadas por el meridiano de la convivencia.
Este trabajo aspira a dar cuenta de algunos aspectos de nuestra
práctica en el Servicio de Internación en Crisis
del Ce. Na. Re. So.
Se trata de articular los aspectos éticos inherentes a
la posición del psicoanalista en un dispositivo institucional
preexistente. En éste caso el denominado Apertura. Consiste
en una reunión de la totalidad de la población de
pacientes internados en el Servicio que, dando comienzo a la actividad
diaria, se constituye en una especie de asamblea convivencial
deliberativa.
Desde el Servicio se evalúa el estado del grupo con intervenciones
concernientes a lo normativo en el sentido de la propiciación
de "confesiones" y "blanqueos" de las llamadas
transgresiones; entendiéndose por tales las conductas que
atañen al consumo, al sexo, y a la violencia.
De éste modo la apertura se torna en un muestrario de formaciones
de masa adquiriendo no pocas veces los visos de una psicoterapia
grupal.
Lo que problematiza es que en éstas circunstancias se llega
en algunos casos a la pretensión de dar una respuesta a
aquello que en el ámbito de la psicoterapia individual
se intenta construir como pregunta.
En la medida en que la apertura nos concierne en tanto psicoanalistas,
su legalidad hace a la articulación de una palabra que
permita la apertura de aquello que es inherente a su campo, a
veces como punto de partida para el despliegue de un tratamiento
posible, otras como una extensión del mismo.
La circulación de una palabra en sus vertientes más
imaginarias, a través de fenómenos de masa, en el
anoticiamiento de los discursos que sustenta,
constituye el acceso al develamiento de la diversidad subjetiva
en la emergencia de su verdad singular; renunciando a toda pretensión
educativa o de investigación compulsiva cuyo resultado
es o bien una construcción fantasmática que es patrimonio
exclusivo del investigador (pero que no deja de estar pleno de
consecuencias en la masa) o se constituye en la enunciación
de su deseo de transgresión, propiciándola.
La pregunta que se plantea en éste punto es hacia dónde
nos dirigimos; pregunta definida desde donde nos posicionamos.
Aquí se nos impone una elección entre lo esperado
por la institución en relación a ésta instancia
y la remisión al deseo de aquéllos que participan
de la apertura.
En éste sentido, nuestro trabajo se despliega en una doble
vertiente: la de la intensión, al articular la función
Deseo del Psicoanalista, apelando al deseo de aquellos a quienes
asistimos y la de la extensión al desplegar ésta
práctica a través de los dispositivos que brinda
el ámbito institucional.
Parafraseando a Lacan en la proposición del 9 de octubre
de 1967 es menester, en la vertiente de la extensión indicar
al menos "tres puntos de referencia que hay que producir
como esenciales. Tanto más significativos cuanto que al
imponerse por su grosor, se reparten los tres registros de lo
Imaginario, lo Simbólico y lo Real". Nos referimos
al mito, la identificación y la segregación.
El mito institucional que se enuncia como "acá se
viene a curar la adicción" se operacionaliza en una
conceptualización del comportamiento del paciente como
una repetición de su historia vivencial familiar, sesgo
a través del cual se despliega el tratamiento por venir,
obturando aquello que de la sexualidad se despliega desde el inicio
del mismo. De éste modo la no articulación del mito
individual al mito edípico deja a las intervenciones terapéuticas
al mismo nivel que el delirio del presidente Schreber.
Por otra parte se provee de éste modo al montaje de un
modelo identificatorio de drogadicto (para decirlo todo, de un
drogadicto modelo) que se universaliza como sujeto de la ciencia
lo que trae de la mano la segregación y su consecuencia
clínica: el campo de concentración.
Esto es particularmente ostensible en aquéllas situaciones
en las cuales el sujeto paciente sale del modelo. Tal lo que lleva
a una paciente en el curso de una apertura en la cual era sospechada
de mantener relaciones sexuales con otro a responder a un compañero:
“que hablás si vos también cogiste",
argumento con el cual desbarató algunas horas de coerción
inútil. Bastaba con dejarla hablar.
Otras veces, la sospecha generalizada de consumo no deja a los
participantes otra opción que el encubrimiento. La aparición
de un frasco acaramelado de nombre sospechoso y procedencia incierta
lleva a uno de los pacientes a increpar sobre el efecto probable
de su contenido, minimizándolo. La respuesta no se hace
esperar: lo que hace efecto es el nombre y cualquier cosa terminada
en BRON es suficiente para sentir algún grado de alteración
orgánica.
Esto conmueve lo que se dice del efecto químico develando
el efecto de saber que la palabra denota; en el punto de pasaje
de la sustancia gozante a un significante que la represente. De
éste modo se hace ostensible cómo la ausencia de
la sustancia posibilita que algo sea dicho de ella. Ausencia que
no es abstinencia; síndrome en el curso del cual ésta
se hace más presente que nunca.
Se trata de un saber que no es el del texto del dicho pero que
es hallable en el seno de la cadena significante y que emerge
cuando, más allá de la comunicación yo a
yo ha lugar una puntuación desde el campo del Otro ya sea
mediante una palabra que se hace oír (primer caso) o desde
la precipitación de una convocatoria a dicho campo (segundo
caso).
Nuestra intervención puede esquematizarse según
lo formalizado por Lacan en el esquema Lambda: para propiciar
la emergencia subjetiva en la relación imaginaria “a-a'”
es menester intervenir mediante la puesta en juego de un campo
Otro.
Tal nuestra apuesta.
* En colaboración con Sergio Berkowsky