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Rafael J. Arteaga


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LA APERTURA*

Las condiciones de trabajo en las instituciones están dadas por dispositivos que les son inherentes. En éste sentido son elocuentes en lo que atañe tanto a su metodología de trabajo como a su conceptualización de la dirección de la cura; constituyendo la expresión de los discursos que la atraviesan.
Hay en esto algo vestigial. Si una institución fue creada, por ejemplo con una concepción educativa de la dirección de la cura, sus dispositivos estarán orientados a la confesión de conductas, la asunción de faltas y la consecuente adopción de medidas.
En el ámbito de la internación, éstas variables están atravesadas por el meridiano de la convivencia.
Este trabajo aspira a dar cuenta de algunos aspectos de nuestra práctica en el Servicio de Internación en Crisis del Ce. Na. Re. So.
Se trata de articular los aspectos éticos inherentes a la posición del psicoanalista en un dispositivo institucional preexistente. En éste caso el denominado Apertura. Consiste en una reunión de la totalidad de la población de pacientes internados en el Servicio que, dando comienzo a la actividad diaria, se constituye en una especie de asamblea convivencial deliberativa.
Desde el Servicio se evalúa el estado del grupo con intervenciones concernientes a lo normativo en el sentido de la propiciación de "confesiones" y "blanqueos" de las llamadas transgresiones; entendiéndose por tales las conductas que atañen al consumo, al sexo, y a la violencia.
De éste modo la apertura se torna en un muestrario de formaciones de masa adquiriendo no pocas veces los visos de una psicoterapia grupal.
Lo que problematiza es que en éstas circunstancias se llega en algunos casos a la pretensión de dar una respuesta a aquello que en el ámbito de la psicoterapia individual se intenta construir como pregunta.

En la medida en que la apertura nos concierne en tanto psicoanalistas, su legalidad hace a la articulación de una palabra que permita la apertura de aquello que es inherente a su campo, a veces como punto de partida para el despliegue de un tratamiento posible, otras como una extensión del mismo.
La circulación de una palabra en sus vertientes más imaginarias, a través de fenómenos de masa, en el anoticiamiento de los discursos que sustenta,


constituye el acceso al develamiento de la diversidad subjetiva en la emergencia de su verdad singular; renunciando a toda pretensión educativa o de investigación compulsiva cuyo resultado es o bien una construcción fantasmática que es patrimonio exclusivo del investigador (pero que no deja de estar pleno de consecuencias en la masa) o se constituye en la enunciación de su deseo de transgresión, propiciándola.
La pregunta que se plantea en éste punto es hacia dónde nos dirigimos; pregunta definida desde donde nos posicionamos. Aquí se nos impone una elección entre lo esperado por la institución en relación a ésta instancia y la remisión al deseo de aquéllos que participan de la apertura.
En éste sentido, nuestro trabajo se despliega en una doble vertiente: la de la intensión, al articular la función Deseo del Psicoanalista, apelando al deseo de aquellos a quienes asistimos y la de la extensión al desplegar ésta práctica a través de los dispositivos que brinda el ámbito institucional.
Parafraseando a Lacan en la proposición del 9 de octubre de 1967 es menester, en la vertiente de la extensión indicar al menos "tres puntos de referencia que hay que producir como esenciales. Tanto más significativos cuanto que al imponerse por su grosor, se reparten los tres registros de lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real". Nos referimos al mito, la identificación y la segregación.
El mito institucional que se enuncia como "acá se viene a curar la adicción" se operacionaliza en una conceptualización del comportamiento del paciente como una repetición de su historia vivencial familiar, sesgo a través del cual se despliega el tratamiento por venir, obturando aquello que de la sexualidad se despliega desde el inicio del mismo. De éste modo la no articulación del mito individual al mito edípico deja a las intervenciones terapéuticas al mismo nivel que el delirio del presidente Schreber.
Por otra parte se provee de éste modo al montaje de un modelo identificatorio de drogadicto (para decirlo todo, de un drogadicto modelo) que se universaliza como sujeto de la ciencia lo que trae de la mano la segregación y su consecuencia clínica: el campo de concentración.
Esto es particularmente ostensible en aquéllas situaciones en las cuales el sujeto paciente sale del modelo. Tal lo que lleva a una paciente en el curso de una apertura en la cual era sospechada de mantener relaciones sexuales con otro a responder a un compañero: “que hablás si vos también cogiste", argumento con el cual desbarató algunas horas de coerción inútil. Bastaba con dejarla hablar.
Otras veces, la sospecha generalizada de consumo no deja a los participantes otra opción que el encubrimiento. La aparición de un frasco acaramelado de nombre sospechoso y procedencia incierta lleva a uno de los pacientes a increpar sobre el efecto probable de su contenido, minimizándolo. La respuesta no se hace esperar: lo que hace efecto es el nombre y cualquier cosa terminada en BRON es suficiente para sentir algún grado de alteración orgánica.



Esto conmueve lo que se dice del efecto químico develando el efecto de saber que la palabra denota; en el punto de pasaje de la sustancia gozante a un significante que la represente. De éste modo se hace ostensible cómo la ausencia de la sustancia posibilita que algo sea dicho de ella. Ausencia que no es abstinencia; síndrome en el curso del cual ésta se hace más presente que nunca.
Se trata de un saber que no es el del texto del dicho pero que es hallable en el seno de la cadena significante y que emerge cuando, más allá de la comunicación yo a yo ha lugar una puntuación desde el campo del Otro ya sea mediante una palabra que se hace oír (primer caso) o desde la precipitación de una convocatoria a dicho campo (segundo caso).
Nuestra intervención puede esquematizarse según lo formalizado por Lacan en el esquema Lambda: para propiciar la emergencia subjetiva en la relación imaginaria “a-a'” es menester intervenir mediante la puesta en juego de un campo Otro.
Tal nuestra apuesta.


* En colaboración con Sergio Berkowsky

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