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Rafael J. Arteaga


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ADICCIONES: UN RETORNO A LA CLÌNICA *
**


Con relación a las Adicciones, se advierte la aparición de artículos y
trabajos científicos que poseen un rasgo en común: a partir de un
supuesto estudio etimológico del concepto, concluyen que adicción
significa sin palabras y el acto adictivo es, por ello, lo no dicho.

Comencemos por revisar el origen etimológico de esta palabra el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas hallamos la siguiente definición:


ADICTO : 1726 Tomado del Latín: Addictus, participio de Addicere: adjudicar, dedicar. (Derivado de Dicere: decir).
Por otro lado, en el Diccionario del uso del Español de María Moliner Gredos -1992 encontramos que la partícula AD es una preposición latina "que ha quedado en el español como prefijo con el valor más común de "junto a" o con otros usos tales como "para, hacia, ante, y según". Por lo tanto otorgarle a esta partícula el valor de prefijo que denote privación o negación, es el resultado de una confusión entre el latín y el griego.

Pero lo que más nos interesa destacar es la consecuencia de orden clínico que trae aparejada esta equivocada lectura etimológica ya que denuncia el estado actual del debate sobre las Adicciones.

Hoy, muchas posiciones, pretendidamente científicas, surgen de las reflexiones especulativas de algunos profesionales que, en la mayoría de los casos, parecen tener un radical desconocimiento de la Clínica con estos pacientes y estar mas interesados en confirmar su hipótesis inicial que en escucharlos Deslizándose de este modo de la soberanía de la clínica a la soberanía de la etimología.

Pero si queremos plantear un debate científico sobre las adicciones será necesario comenzar por devolverle a la clínica y a los clínicos su soberanía. Difícilmente esto se logre con aquellos que hoy reducen su intervención ubicando el eje en la química de la sustancia, o con aquellos otros que lo hacen en torno a una condena moral. En el primer caso la adicción queda reducida a la presencia dañina de una poderosa sustancia química, el segundo reduce al sujeto al campo de lo intersubjetivo.
Por otro lado ambos abordajes se organizan en torno a UNA abstinencia: la del paciente que consume.


Estos reduccionismos soslayan la dimensión intrasubjetiva constitutiva de lo humano: los efectos de su condición de Ser Parlante y su carácter de Sujeto del Inconciente.

Afirmación que a mas de cien años de Psicoanálisis, no requiere otra referencia que la clínica diaria.

Por eso quienes llevamos adelante una practica psicoanalítica planteamos un imprescindible retorno a la Clínica que no puede ser sin un necesario retorno a Freud y esta no puede basarse, entonces, en afirmaciones que pretenden una homogeneización de la diversidad subjetiva en la que se entrama el sufrimiento humano.

Como cualquier otro sufrimiento también las adicciones se sitúan en una ámbito: el Inconciente. Y alrededor de una dinámica: el complejo de Edipo. Únicamente dentro de la trilogía Edipo- castración- transferencia se constituyen las diferentes estructuras clínicas, a saber: Neurosis, Perversión y Psicosis. Aquí también el diagnóstico es siempre en transferencia y la presencia del analista un término estructural.

Las conceptualizaciones hechas por fuera de la clínica, sin la
necesaria consideración de la transferencia, quedan reducidas, a veces, a una buena mostración intelectual; otras, a equivocadas inferencias que la mayoría de las veces conducen a intervenciones de características paternalistas en términos de reeducación ó conversión religiosa.

Si aceptamos que solo en la clínica encontraremos las respuestas a los interrogantes que nos plantean los pacientes adictos, tendríamos que estar mas interesados en iniciar un debate que sitúe la problemática en la doble vertiente de la abstinencia: la del paciente y la del analista.

Abstinencia del analista que implica, en primer termino la desustancialización del tratamiento ya que deja de "aspirarse " a la desaparición del consumo y pasara a ocuparse de la aparición del sujeto, que lo encontramos en el trayecto que va de su "ser y hacer antes de ser drogadicto" a ese "ser adicto" con que la sociedad lo nomina.

En segundo termino al poner énfasis en un mas allá de las drogas -y de la abstinencia- nos ubicamos por fuera del campo de la moral, en el que suelen ubicarse las terapias que transitan bajo premisas tales como "la droga hace mal", "la droga es basura, etc.

A la vez que abandonamos el ámbito de lo universal para llevar adelante una clínica del caso por caso podemos señalarle a un paciente "venga mañana sin drogarse". En tanto lo único que un analista puede pedirle a tal paciente es que un trabajo sea posible, es decir que este en condiciones de hablar de sí mismo en las sesiones.

Realizamos así una inversión respecto del modo en que se presenta el paciente al decir "esto me pasa por la droga", a saber: como Drogadependiente, en tanto Depender significa etimológicamente "lo que procede de, lo que es consecuencia de ", en este caso la droga.

De esta manera se le posibilitara un posicionamiento diferente y necesario: como responsable, en tanto Sujeto, de su quehacer con la droga.

Hoy, paradójicamente el discurso Social, en el que se sustentan algunos abordajes terapéuticos lo desresponsabiliza al presentarlo como víctima del flagelo de la droga y termina responsabilizandolo de un solo modo: Judicialmente.



* En colaboración con Graciela Resala

** Publicado como “La saludable soberanía de la clínica” el 8 de Enero de 1988 en Sección Psicología del diario Página 12.

Publicado en Documento de Trabajo de la 2da Jornada de la Red- Secretaria Científica del Colegio de Psicólogos distrito XII –Noviembre de 1999

 

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