ADICCIONES: UN RETORNO A LA CLÌNICA *
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Con relación a las Adicciones, se advierte la aparición
de artículos y
trabajos científicos que poseen un rasgo en común:
a partir de un
supuesto estudio etimológico del concepto, concluyen que
adicción
significa sin palabras y el acto adictivo es, por ello, lo no
dicho.
Comencemos por revisar el origen etimológico de esta palabra
el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana
de Joan Corominas hallamos la siguiente definición:
ADICTO : 1726 Tomado del Latín: Addictus, participio de
Addicere: adjudicar, dedicar. (Derivado de Dicere: decir).
Por otro lado, en el Diccionario del uso del Español de
María Moliner Gredos -1992 encontramos que la partícula
AD es una preposición latina "que ha quedado en el
español como prefijo con el valor más común
de "junto a" o con otros usos tales como "para,
hacia, ante, y según". Por lo tanto otorgarle a esta
partícula el valor de prefijo que denote privación
o negación, es el resultado de una confusión entre
el latín y el griego.
Pero lo que más nos interesa destacar es la consecuencia
de orden clínico que trae aparejada esta equivocada lectura
etimológica ya que denuncia el estado actual del debate
sobre las Adicciones.
Hoy, muchas posiciones, pretendidamente científicas, surgen
de las reflexiones especulativas de algunos profesionales que,
en la mayoría de los casos, parecen tener un radical desconocimiento
de la Clínica con estos pacientes y estar mas interesados
en confirmar su hipótesis inicial que en escucharlos Deslizándose
de este modo de la soberanía de la clínica a la
soberanía de la etimología.
Pero si queremos plantear un debate científico sobre las
adicciones será necesario comenzar por devolverle a la
clínica y a los clínicos su soberanía. Difícilmente
esto se logre con aquellos que hoy reducen su intervención
ubicando el eje en la química de la sustancia, o con aquellos
otros que lo hacen en torno a una condena moral. En el primer
caso la adicción queda reducida a la presencia dañina
de una poderosa sustancia química, el segundo reduce al
sujeto al campo de lo intersubjetivo.
Por otro lado ambos abordajes se organizan en torno a UNA abstinencia:
la del paciente que consume.
Estos reduccionismos soslayan la dimensión intrasubjetiva
constitutiva de lo humano: los efectos de su condición
de Ser Parlante y su carácter de Sujeto del Inconciente.
Afirmación que a mas de cien años de Psicoanálisis,
no requiere otra referencia que la clínica diaria.
Por eso quienes llevamos adelante una practica psicoanalítica
planteamos un imprescindible retorno a la Clínica que no
puede ser sin un necesario retorno a Freud y esta no puede basarse,
entonces, en afirmaciones que pretenden una homogeneización
de la diversidad subjetiva en la que se entrama el sufrimiento
humano.
Como cualquier otro sufrimiento también las adicciones
se sitúan en una ámbito: el Inconciente. Y alrededor
de una dinámica: el complejo de Edipo. Únicamente
dentro de la trilogía Edipo- castración- transferencia
se constituyen las diferentes estructuras clínicas, a saber:
Neurosis, Perversión y Psicosis. Aquí también
el diagnóstico es siempre en transferencia y la presencia
del analista un término estructural.
Las conceptualizaciones hechas por fuera de la clínica,
sin la
necesaria consideración de la transferencia, quedan reducidas,
a veces, a una buena mostración intelectual; otras, a equivocadas
inferencias que la mayoría de las veces conducen a intervenciones
de características paternalistas en términos de
reeducación ó conversión religiosa.
Si aceptamos que solo en la clínica encontraremos las
respuestas a los interrogantes que nos plantean los pacientes
adictos, tendríamos que estar mas interesados en iniciar
un debate que sitúe la problemática en la doble
vertiente de la abstinencia: la del paciente y la del analista.
Abstinencia del analista que implica, en primer termino la desustancialización
del tratamiento ya que deja de "aspirarse " a la desaparición
del consumo y pasara a ocuparse de la aparición del sujeto,
que lo encontramos en el trayecto que va de su "ser y hacer
antes de ser drogadicto" a ese "ser adicto" con
que la sociedad lo nomina.
En segundo termino al poner énfasis en un mas allá
de las drogas -y de la abstinencia- nos ubicamos por fuera del
campo de la moral, en el que suelen ubicarse las terapias que
transitan bajo premisas tales como "la droga hace mal",
"la droga es basura, etc.
A la vez que abandonamos el ámbito de lo universal para
llevar adelante una clínica del caso por caso podemos señalarle
a un paciente "venga mañana sin drogarse". En
tanto lo único que un analista puede pedirle a tal paciente
es que un trabajo sea posible, es decir que este en condiciones
de hablar de sí mismo en las sesiones.
Realizamos así una inversión respecto del modo
en que se presenta el paciente al decir "esto me pasa por
la droga", a saber: como Drogadependiente, en tanto Depender
significa etimológicamente "lo que procede de, lo
que es consecuencia de ", en este caso la droga.
De esta manera se le posibilitara un posicionamiento diferente
y necesario: como responsable, en tanto Sujeto, de su quehacer
con la droga.
Hoy, paradójicamente el discurso Social, en el que se
sustentan algunos abordajes terapéuticos lo desresponsabiliza
al presentarlo como víctima del flagelo de la droga y termina
responsabilizandolo de un solo modo: Judicialmente.
* En colaboración con Graciela Resala
** Publicado como “La saludable soberanía de la
clínica” el 8 de Enero de 1988 en Sección
Psicología del diario Página 12.
Publicado en Documento de Trabajo de la 2da Jornada de la Red-
Secretaria Científica del Colegio de Psicólogos
distrito XII –Noviembre de 1999